Los recuerdos más allá de las fotos.

Sí! Es un placer recordar los viajes que hemos hecho con Alejandro cuando veo las fotos en mi celular. Honestamente no son tanto las selfies en los lugares icónicos de cada ciudad, sino esas fotos que le tomé a Alejandro sin que se diera cuenta mientras pensaba muy taciturno a qué lugar iríamos a comer, o el cielo azul que nos acompañaba en alguna discusión por una bobada, o la lluvia de un día en Paris y no teníamos paraguas. Fotos de un pajarito que nos acompañaba mientras desayunábamos; un niño que teniendo la torre Eiffel junto a él, lo que más estaba disfrutando era volar un papalote con su papá y Alejandro y yo nos sentamos a disfrutar ese momento compartido; me recuerdan por qué en mi cumpleaños estábamos comprando trajes de baño a ultima hora con algunas champañas encima; una caminata increíble en Praga desviada por un centro comercial para comparar una maquinita y cortarle el pelo a Alejandro (porque parece Kiwi, pero esa es otra historia) o qué hacíamos bailando Juan Luis Guerra en un bar en Ámsterdam un lunes en la madrugada. La grandiosa plática en donde nos contábamos en qué momento de nuestra vida estábamos o cuando Alejandro vio por primera vez la casa en donde vivieron sus abuelos, ahí empezó todo…

Las fotos cuentan cómo nos llevábamos en ese momento, nuestro estado de ánimo, la disposición a disfrutar o no, en qué cosas hemos crecido y cuáles hemos elegido mantener sin importar las circunstancias. Lo que quiero decir es que al final, más allá de los lugares lindos, románticos, exóticos, costosos, baratos, en Timbuktu o en México, los momentos compartidos son los que hacen que esas fotos cobren sentido. Y los momentos son creados por nosotros, son aquellos que perduran… El lugar es un escenario que ayuda a crear, a inventar nuevas tradiciones, a abrir espacios para hablar y escuchar, son lugares que nos invitan a reflexionar. En nuestro caso, viajar nos invita a conectarnos, reinventarnos, amarnos y elegirnos nuevamente. Las fotos simplemente cuentan lo que queremos hacer cada uno y como pareja para seguir siendo disfrutables el uno para el otro con la fortuna de disfrutar de ello en lugares maravillosos.

El niñoEl niño volando un mini papalote en la Torre Eiffel. Su papalote tenía más sentido para él y a nosotros nos hipnotizó.

 

PajaritoUn pajarito nos acompañó a desayunar en nuestro primer día en París. Comía de nuestra mano… Eso hizo que el momento no sólo se tratara del croissant. 

Sacre Coeur Yo enojada en Sacre Coeur porque Alejandro acababa de quebrar un selfie stick que me había regalado un par de días antes (era uno que venía incluido en el case para el celular). Para acordarnos del momento, porque no una foto tomada con su selfie stick incorporado, su brazo.

En un bar de Leidsplein en AmsterdamEn un bar de Leidsplein en Amsterdam a las 2:00 a.m un Lunes bailando merengue y salsa. Jamás se lo pedimos al “DJ”, él nos vio con ambiente y bueno, nos dejamos consentir. Como agradecimiento bailamos sin parar poniéndole ambiente a ese bar. 

Alejandro en los jardines de Luxemburgo

Alejandro en los jardines de Luxemburgo, decidiendo nuestro próximo restaurante a probar. La cara de reflexión, cualquiera diría que estaba pensando en la profundidad de su existencia o en el pago de la tarjeta jajaja.

En Praga había una feria de BarbecueEn Praga había una feria de Barbecue. Nos sentamos a hablar toda la tarde y nos pusimos al corriente de qué retos estábamos viviendo en este momentos de nuestras vidas. Sin duda, uno de mis días favoritos 

De compras rapidasHabía que cortar ese pelo de Kiwi, así que hicimos parada técnica a comprar una maquinita y cortarle el pelo a Alejandro. Habían ofertas, así que tuvimos suerte. (Nótese la cara de agotados de tanto caminar jaja)

Casa de los AbuelosY sí, aquí empezó todo. Benditos sean los abuelos de Alejandro, que tuvieron a su papá y entonces esa familia dio vida a la que ahora forma parte de la mía. Esa casa contaba tanto.. que nos dimos un tiempo para digerir toda esa historia. Pero ver la cara de Alejandro viendo en dónde vivieron sus abuelos, fue increíble! Me preguntaba si ellos estarían recibiendo esa energía de su nieto y sonriendo porque todo valió la pena. Ahí estaba parte de su legado… Por eso fuimos a Praga, para este momento.

Tita Berman

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