Ya Sé Para Qué Existen las Cicatrices La crónica de lo que ha pasado en nuestras vidas en este último año

Collage Familia La familia, quienes estuvieron, los que se fueron y los que nos quedamos.
Por: Alex

 

Hace más de un año que no escribíamos en LOS BERMAN. Últimamente mucha gente me ha estado preguntando “¿Qué paso con el proyecto de LOS BERMAN?”. “¿Qué pasó con el blog de LOS BERMAN?”.

Entonces trago grueso, respiro y le empiezo a contar a mi interlocutor que solo tiene 5 minutos para prestarme atención mientras nos saludamos, la versión corta de la razón de nuestra desconexión: “Hemos vivido un año complicado”, empiezo a contar.

“¡Ah! ¿Si?” Siempre responden. “¿Por qué?”

Pienso, puedo contarles una mentira o una verdad. Elijo la verdad: “Pues… Fíjate que mi cuñada se murió y al mes y medio se murió mi suegro”. Trato de decirlo rápido como para que suene lo menos dramático posible.

La cara de la gente es la misma en todos los casos: ponen cara de dolor e incomodidad.

Si tan solo supieran que esa, es la versión light de los hechos…

 

La realidad es que el año 2017-2018 ha sido, por llamarlo de una forma optimista, uno lleno de retos.

Aprendizajes, cosas buenas, cosas malas, el rigor de la vida y la muerte que con sincronía desfilan con la precisión de un reloj. Lecciones, y heridas.

Lo interesante es que, si uno sobrevive las heridas, se empieza a formar una carachita, una costra sobre donde alguna vez hubo sangre. Y el tiempo hace que esa costra caiga y lo que queda al final de ese proceso, es una cicatriz.

Algunos lo saben, otros no. Así que como empiezo a sentir que mi cicatriz se está empezando a formar y que la herida duele un poco menos, he decido escribir un pequeño resumen de lo que hemos vivido en este último año como estímulo para seguir escribiendo en LOS BERMAN y pausar la pausa.

 

Uno de los seres que más amábamos en la vida, Lady, la hermana biológica de Tita y una hermana que me regaló la vida, fue diagnosticada con cáncer de ovario en Marzo del 2017. En ese lapso nos abocamos en cuerpo y alma a tratar de sanar a Lady o de acompañarla, animarla y apoyarla en el proceso que había empezado a vivir.

En ese lapso también nuestra casa se llenó de luz, de gente, de amor, de cursos, de jeringas, de música, de hobbies, de alimentos nutritivos y orgánicos; de tés, de suplementos alimenticios, de sueros, de conversaciones, meditaciones y oraciones.

Y llegaron Lady y su esposo a vivir con nosotros para iniciar el tratamiento en la Ciudad de México.

Y fuimos 4 en la casa.

Un mes después de la noticia del cáncer, en Abril 2017, mi mamá me mandó la foto de una bomba lacrimógena que había caído en su balcón, en la ciudad de Valencia-Venezuela durante las peores protestas de la historia moderna del país para tratar de sacar a Maduro del poder.  En ese momento Tita y yo acordamos que mi mamá tenía que salir de Venezuela. Al ser la única de cuatro hermanos que vivía sola en ese país que lleva 18 años en llamas, no queríamos arriesgar a que le pasara algo en medio de tanta violencia y escaces.

Tita convenció a mi mamá de salir de Venezuela y después de estar 3 meses en Madrid, aterrizó en México en Agosto del año pasado.

Y fuimos 5 viviendo en la casa. “Gracias a Dios escogimos esta casa cuándo vinimos a vivir al DF”, nos decíamos Tita y yo constantemente como tratando de entender el destino.

 

En Septiembre vivimos el terremoto de la Ciudad de México. Mientras yo lo vivía en mi oficina y al minuto estuve en la calle; Lady, Tita y mi mamá estaban en camino a una consulta de Lady en el edificio Alvaro Obregón 286. Mientras mi mamá y Tita se estacionaban, Lady estaba entrando a su consulta justo cuando empezó el terremoto. Mientras Lady salía por las escaleras, el edificio empezó a derrumbarse y ella alcanzó a salir de milagro antes de que se desplomara por completo, dejando a más de 80 personas atrapadas adentro. Tita se encontró con Lady afuera del edificio entre polvo, escombros, humo y sorpresa; y escaparon milagrosamente. Ese día, Lady miró a la muerte a los ojos y la venció porque todavía tenía algunas cosas que vivir, enseñar y aprender.

Y el terremoto se llevó muchas cosas, pero nos trajo un nuevo hermano. El edificio donde vivía nuestro amigo Jean Paul había sido afectado y le pedimos que viniera a quedarse en la casa para que estuviéramos juntos en lo que encontraba un nuevo lugar para vivir.

Y fuimos 6 en la casa. Y la casa se llenó de aplanchaos, y de tajadas y de aborrajaos, de ahumados, de maletas, de asados, de sándwiches y de noticieros.

Luego Jean Paul encontraría un lugar para vivir y nosotros pasaríamos a vivir muchos días metidos en el hospital.

Y fuimos 5 en la casa.

 

En Diciembre del 2017 llegaron mis suegros de Colombia para estar con Lady y pasar las fiestas decembrinas con sus hijas y yernos. Vendrían mi suegra y mi suegro – el Guerrero- quien era como un padre para mí. Con la ansiedad a punto de estallar para estar con Lady, y con nosotros, llegaron con el llanto guardado por tantos meses de distancia y la dosis de optimismo que necesitábamos quienes llevábamos más de seis meses con bastante movimiento.

Y fuimos 7 en la casa.

También a finales Diciembre llegó la hermana mayor de Tita, y su esposo y sus dos hijos.

Y fuimos 10 en la casa.

Y la casa se llenó de olor a café y arepas, y de regalos, de despedidas, de colchones y de una mezcla rara entre miedo y optimismo.

 

En Enero de 2018, días después que este último contingente de familia se regresara a Colombia, Lady se fue apagando hasta que un día después de mi cumpleaños, se fue del plano material. Y la muerte entendió que ya Lady había aprendido y enseñado lo que le faltaba.

Y llegaron sus amigos del pasado y los nuevos. Y la casa se llenó de silencio.

Un silencio culero, desubicado. La herida pues. Honda y desconocida.

Agarrados de la valentía, de la resignación, de Dios y del consuelo parecíamos zombis en la casa, perdidos sin la rutina de tratar de curar a alguien como lo habíamos hecho durante esos últimos 9 meses.

Y fuimos 6 en la casa.

 

En Marzo, regresando de un viaje que hicimos Tita y yo a Miami como para tratar de tomar aire después de tanto dolor, mi suegro enfermaría de la forma más inesperada posible.

Y aquí empezamos a vivir un episodio de pura surrealidad. Cirugía de emergencia, sillas de ruedas, médicos sorprendidos y descoloridos. Y en cuestión de 12 días de estar hablando con mi suegro como siempre lo hacíamos, mi suegro prefirió irse a acompañar a Lady al cielo.

Y como si fuéramos las presas de la realidad convertida en una bestia, así llegó la segunda herida. Inesperada pero ya conocida.

Y fuimos 5 en la casa. Y la casa se llenó de cansancio, de asombro y de mariposas.

 

Abril y Mayo fueron meses de papeles, tramites indeseados, un viaje a Colombia, y de tratar de poner un poco de orden al desorden que se armó en todos lados donde uno volteara, después de semejante zarandeada que vivimos.

En Junio de este año, el viudo de Lady decidió continuar con su vida y fuimos 4 en la casa. En Julio nos fuimos Tita y yo al mundial de Rusia (que será material para otro post) y hace un par de días, después de vivir un año con mi mamá y de reconectarme con una parte de mi vida con quien no convivía desde hacía 18 años, mi mamá se regresó a España.

 

Hoy somos 3 en la casa: Tita, mi suegra y yo. Y parece que la cicatriz se ha formado con todo rigor y que la costra se está cayendo. Y empiezo a agarrar más confianza para poder contar estas cosas.

Empezamos ahora a retomar nuestra vida viendo las cosas buenas que nos dejó esta experiencia. Como las dos nuevas hermanas perrunas que tienen nuestras dos hijas perrunas que ahora ladran en cuarteto. De los nuevos proyectos que vienen, del trabajo que siempre estuvo. Y a disfrutar de los aprendizajes, y de las certezas de saber que siempre tendremos las canciones, los recuerdos, las fotos. El saber que yo cuento para siempre con Tita y que Tita cuenta para siempre conmigo.

Y de entender que siempre tendremos la luna, San Miguel de Allende (donde vivía Lady) y un beso para recordarnos que nosotros, los que aquí nos quedamos, seguimos en este sueño de estar vivos. Y que siempre tendremos la sonrisa, con todo y que estuvo a punto de ser noqueada pero que se levantó por terca. Y que siempre tenemos los sueños donde podemos hablar con quienes se fueron.

Y que como dice mi suegra con la sabiduría que le da su colección de refranes: Después de la tempestad, siempre viene la calma.

Así como siempre después de las heridas, vienen las cicatrices.

 

Alejandro Berman.

También te Puede Gustar