Apuesta por ti

Por: Tita Berman

 

Actuar a partir de quienes somos es uno de los grandes pasos para lograr confianza, conocimiento personal, desarrollo de una espiritualidad profunda y tener madurez en nuestros pensamientos. Una persona que no se acepta, buscará la aceptación en el mundo exterior, con o sin conciencia fingirá ser alguien que no es, intentará parecerse a aquello que considera sería aceptado y tratará de vivir para los demás (la satisfacción de los demás). Entre más se intenta ser lo que los demás quieren o esperan, más se pierde fuerza de carácter, confianza, estima y conciencia de lo que en verdad se quiere.

La aceptación se desarrolla desde que somos niños, cuando se requiere atención y aceptación como base del desarrollo personal. Sin embargo, no siempre se logra esta aceptación, pues muchas de las actitudes y formas de ser de los padres y adultos suelen ser reprobatorias, prejuiciosas y discriminativas, mejor dicho, el mix perfecto para quebrantar la seguridad y la auto-aceptación de cualquier niño. Los niños suelen ser espontáneos y si en ese camino de su expresión pura no es conscientemente bien conducido, puede ser minada su autoconfianza la cual evidentemente repercutirá cuando sea adulto. Así es, la mayoría de este tipo de heridas de confianza nacen en la etapa de la niñez, sin embargo esta no es razón por la cual estemos destinados a ser adultos confundidos o a “culpar” a los padres o adultos por aquello que no nos ayudaron a desarrollar. No hay que olvidar que cada persona también trae sus heridas y no todos están preparados para enfrentarse a ellas, cambiar su rumbo y liberarse.

Pues bien, una vez aclarado de dónde vienen comúnmente estas heridas de autoconfianza del adulto, cabe resaltar que es elección de cada persona el cómo desea trabajar y enfrentar esas heridas para seguir avanzando con una vida cada vez más sana y liberadora. Este es un trabajo que toma tiempo y que tiene un camino por recorrer, la cantidad y el cómo depende del grado de conciencia y determinación de cada quién una vez que haya tomado la decisión de trabajar en ello y cambiar su estado de víctima a un afrontamiento activo y de poder personal. Según mi experiencia, el primer paso para iniciar este camino es eliminar frases como: “suena fácil pero es difícil”, “yo no puedo”, “es complicado” y “ya lo sé”. Sugiero tener pensamientos que ayuden a empoderar ese deseo de cambio y liberación, frases como: “yo puedo”, “yo quiero”, “creo en mi”, “elijo hacerlo”, “lo voy a hacer”. Como dice Benjamin Franklyn, “si fracasas en la preparación, estás preparándote para fracasar”.

La vida reside en ser y hacer lo que en verdad está en armonía e integridad con nuestro corazón. Cuando un deseo proviene del corazón, jamás puede conducir al sufrimiento sino a una profunda gratificación, aunada a una integridad y realización profunda. Quizás en esta búsqueda de equilibrio y armonía surge la gran pregunta ¿Y qué o quién soy? Una pregunta que puede resultar compleja de responder pero que marca la importancia de iniciar un proceso de auto-observación y auto-aceptación de aquello que se siente y que se recibe de la realidad. Todo lo que está en nuestras vidas no esta ahí de manera aleatoria o por casualidad lo atraemos de acuerdo a cómo pensamos, vemos y sentimos la vida. Atender la realidad es una forma de poner atención a nuestros actos. Y para poner atención a la realidad podría costar trabajo si primero no aprendemos el valor de auto-aceptación.

Un adulto con la confianza o seguridad baja, es un adulto que no se acepta a si mismo, que se exige mucho, que vive entre lo que pudiera ser y lo que ha padecido en el pasado, por lo que sufre o tiene problemas para relacionarse o entregarse con verdadero corazón a lo que simplemente es y por consiguiente a encontrar sus dones. Cuando un adulto creció y “maduró” con la idea que es más importante mantener a los demás contentos ya que hay algo malo dentro de sí, se confundirá continuamente y se sentirá en ocasiones culpable, reprimido e inhibirá su espontaneidad, temiendo que por esto pueda ser rechazado o castigado. En momentos así, puede confundir la fuerza de voluntad con tratar de encajar; y justo se puede ver envuelto en situaciones en las que no desea encajar ni desea ser. La fuerza de voluntad es un estado creativo que nos ayuda a fluir, no es algo que tenga que desgastarnos. 

En esta búsqueda del “quien soy” no se trata de convertirse en alguien caprichoso que expresa de forma inmadura o rebelde lo que siente y piensa sólo porque «así lo siente» o «así es». Se trata de lograr un entendimiento con lo que verdaderamente sentimos y de madurar la verdadera realización, la cual no empieza por cambiar a todos para que «yo sea feliz», sino en conocerme, aceptarme y empezar a ser lo que de verdad soy. Si no soy feliz no es porque el otro o el mundo me hayan hecho algo, sino porque no he encontrado la forma de ser lo que quiero ser.    

Así pues, invito a que hagamos constante análisis acerca de nuestro ser en el aquí y el ahora. Empezar por observarnos y ver dónde actuamos como no queremos ser, dónde intentamos complacer sintiéndonos mal, dónde damos sin querer dar, y cuáles son las razones sinceras por las que actuamos. El aceptarnos tal y como somos para luego transformar todo lo que deseemos, sólo se dará cuando dejemos de juzgar nuestras debilidades o carencias y aprendamos a fluir con nuestros talentos y potenciales. Se requiere que entablemos una relación con lo que sentimos y aprendamos a fluir con inteligencia a partir de los anhelos más profundos de nuestro corazón, no de nuestras carencias o heridas.

Tener la ambición de desarrollarnos, mejorar el concepto que tenemos de nosotros, aprender de nuestras experiencias y crecer en nuestras habilidades, será sin duda uno de los caminos de transformación más satisfactorios que tendremos en nuestra vida. 

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